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El Payador Perseguido

This song is by Atahualpa Yupanqui and appears on the compilation album L'Intégrale, Vol. 5 (1992).

Con permiso, via a dentrar
aunque no soy convida'o,
pero en mi pago, un asao
no es de naides y es de todos.
Yo via cantar a mi modo
después que haiga churrasquiao.

No tengo Dios pa' pedir
cuartiada en esta ocasión,
ni puedo pedir perdón
si entuavía no hei falta'o;
veré cuando haiga acaba'o;
pero ésa es otra cuestión.

Yo sé que muchos dirán
que peco, de atrevimiento
si largo mi pensamiento
pa'l rumbo que ya elegí,
pero siempre hei sido así;
galopiador contra el viento.

Eso lo llevo en la sangre
dende mi tatarabuelo.
Gente de plata en el suelo
fueron mis antepasaos;
criollos de cuatro provincias
y con indios misturaos.

Mi aguelo fue carretero,
mi tata fue domador;
nunca se buscó dotor
pues se curaban con yuyos,
o escuchando los murmullos
de un estilo de mi flor.

Como buen rancho paisano
nunca falto una encordada,
de ésas que parecen nada
pero que son sonadoras.
Según el canto y la hora
quedaba el alma sobada.

Mi tata era sabedor
por lo mucho que ha roda'o.
Y después que había canta'o
destemplaba cuarta prima,
y le echaba un poncho encima
"pa' que no hable demasiado..."

La sangre tiene razones
que hacen engordar las venas.
Pena sobre pena y pena
hacen que uno pegue el grito.
La arena es un puñadito
pero hay montañas de arena.

No sé si mi canto es lindo
o si saldrá medio triste ;
nunca fui zorzal, ni existe
plumaje más ordinario.
Yo soy pájaro corsario
que no conoce el alpiste.

Vuelo porque no me arrastro,
que el arrastrarse es la ruina;
anido en árbol de espina
lo mesmo que en cordilleras
sin escuchar las zonceras
del que vuela a lo gallina.

No me arrimo así nomás
a los jardines floridos.
Sin querer vivo alvertido
pa' no pisar el palito.
Hay pájaros que solitos
se entrampan por presumidos.

Aunque mucho he padecido
no me engrilla la prudencia.
Es una falsa experiencia
vivir temblándole a todo.
Cada cual tiene su modo;
la rebelión es mi ciencia.

Pobre nací y pobre, vivo
por eso soy delica'o.
Estoy con los de mi la'o
cinchando tuitos parejos
pa' hacer nuevo lo que es viejo
y verlo al mundo cambia'o.

Yo soy de los del montón
no soy flor de invernadero.
Soy, como el trébol pampero,
crezco sin hacer barullo.
Me aprieto contra los yuyos
y así a aguanto al pampero.

Acostumbra'o a las sierras
yo nunca me sé marear,
y si me siento alabar
me voy yendo despacito.
Pero aquel que es compadrito
paga pa' hacerse nombrar.

Si alguien me dice señor,
agradezco el homenaje;
mas, soy gaucho entre el gauchaje
y soy nada entre los sabios.
Y son pa' mi los agravios
que le hagan al paisanaje.

La vanidá es yuyo malo
que envenena todo huerta.
Es preciso estar alerta
manejando el azadón,
pero no falta el varón
que la riegue hasta en su puerta.

El trabajo es cosa buena,
es lo mejor de la vida;
pero la vida es perdida
trabajando, en campo ajeno.
Unos trabajan de trueno,
y es para otros la llovida.

Trabajé en una cantera
de piedritas de afilar.
Cuarenta sabían pagar
por cada piedra pulida,
y era a seis pesos vendida
en eso del negociar.

Apenas el sol salía
yo estaba a los martillazos,
y entre dos a los abrazos
con los tamaños piegrones
y por esos moldejones
las manos hechas pedazos.

Otra vez fui panadero
y hachero en un quebrachal;
he carga'o bloques de sal
y también he pela'o cañas,
y un puñado de otras hazañas
pa' mi bien o pa' mi mal.

Buscando de desasnarme
fui pinche de escribanía
la letra chiquita hacía
pa' no malgastar sella'o,
y, era también apreta'o
el sueldo que recibía.

Cansa'o de tantas miserias
me largué pa'l Tucumán,

Lapacho, aliso, arrayán,
y hacha con los algarrobos.
¡Por dos cincuenta! Era robo
pa' que uno tenga ese afán.

Sin estar fijo en un la'o
a toda labor le hacía,
y así sucedió que un día
que andaba de benteveo
me topé con un arreo
que dende Salta venía.

Me picó ganas de andar
y apalabré al capataz,
y así, de golpe nomás
el hombre me preguntó:
-¿Tiene mula? - Cómo no
-le dije-.Y hambre, de-más.

A la semana de aquello
repechaba cordilleras,
faldas, cuestas y laderas
siempre pa'l la'o del poniente,
bebiendo agua de vertiente
y aguantando las soleras.

Tal vez otro habrá roda'o
tanto como he roda'o yo,
y le juro, creameló,
que he visto tanta pobreza,
que yo pensé con tristeza:
Dios por aquí no pasó.

Se nos despeñó una vaca
causa de la cerrazón,
y nos pilló la oración
cueriando y haciendo asao;
dende ese día, cuña'o
se me gastó mi facón.

Me sacudí las escarchas
cuando bajé de los Andes,
y anduve en estancias grandes
cuidando unos parejeros ;
trompeta, tapa y sombrero,
pero pa' los peones, de ande.

La peonada, al descampa'o,
el patrón, en Guenos Aires.
Nosotros, el cu... ello al aire
can las caronas mojadas,
y la hacienda de invernada
más relumbrosa que un fraile.

El estanciero tenía
también sus cañaverales,
y en los tiempos otoñales
juntábamos los andrajos,
y nos íbamos p'abajo
dejando los pedregales.

Allí nos amontonaban
en lote con otros criollos,
coda cual buscaba un hoyo
ande quinchar su guarida,
y pasábamos la vida
rigoriaos y sin apoyo.

Faltar, no faltaba nada:
vino, café y alpargatas.
Si habré revoliao las patas
en gatos y chacareras.
Recién la cosa era fiera
al dir a cobrar las latas.

¡Qué vida más despareja!
Todo es ruindad y patraña;
Pelar caña es hazaña
Del que nació pa'l rigor.
Allá había un solo dulzor
y estaba adentro 'e la caña.

Era un consuelo pa'l pobre
Andar jediendo a vinacho.
Hombres grandes y muchachos
como malditos en vida,
esclavos de la bebida
se lo pasaban borrachos.
¡Tristes domingos del surco
los que yo he visto y vivido!
Desparramados y dormidos
en la arena amanecían,
a lo mejor soñarían
con la muerte o el olvido...

Riojanos y santiagueños,
salteños y tucumanos,
con el machete en la mano
volteaban cañas maduras,
pasando sus amarguras
y aguantando como hermanos.

¡Rancho techa'o con maloja,
vivienda del pelador!
En medio de ese rigor
no faltaba una vihuela,
con que el pobre se consuela
cantando coplas de amor.

Yo también , que desde chango
unido al canto crecí,
más de un barato pedí
y pa´ los piones cantaba.
¡Lo que a ellos les pasaba
también me pasaba a mí

Cuando yo aprendí a cantar
armaba con pocos rollos.
Y en la orilla de un arroyo
bajo las ramas de un sauce,
crecí mirando en el cauce
mis sueños de pobre criollo.

Cuando sentí una alegría;
cuando el dolor me golpió;
cuando una duda mordió
mi corazón de paisano,
desde el fondo de los llanos
vino un canto y me curó...

En esos tiempos pasaban
cosas que no pasan ya.
Cada cual tenía un cantar
o copla de anochecida.
Formas de curar la herida
que sangra en el trajinar.

Algunos cantaban bien.
Otros, pobres, más a menos...
Mas no eran cantos ajenos,
aunque marca no tenían.
Y todos se entretenían
guitarreando hasta el desvelo.

Por ahí se allegaba un máistro,
de esos puebleros letrao's;
juntaba tropa e versiao's
que iban después a un libraco,
y el hombre forraba el saco
con lo que otros han pensa'o.

Los peones formaban versos
con sus antiguos dolores.
Después vienen los señores
con un cuaderno en la mano,
copian el canto paisano
y presumen de escritores.

El criollo cuida su flete,
su guitarra y su mujer;
siente que enfrenta un deber
cada vez que da la mano;
y aunque pa'todo es baquiano
sólo el canto ha de perder.

¡Coplas que lo acompañaron
en las quebradas desiertas,
aromas de flores muertas
y de patriadas vividas,
fueron la luz encendida
para sus noches despiertas!...

Se aflije si se le pierde
un bozal, un maneador,
pero, no siente furor
si al escucharle una trova,
viene un pueblero y le roba
su mejor canto de amor.
De seguro, si uno piensa,
le halla el nudo a la a madeja,
porque la copla más vieja,
coma la raíz de la vida,
tiene el alma par guarida,
que es ande anidan las quejas.

Por eso el hombre al cantar
con emoción verdadera,
echa su pena p'ajuera
pa que la lleven los vientos,
y así, siquiera un momento
se alivia su embichadera.

No es que no ame a su trova
ni que desprecie su canto.
Es como cuando un quebranto
en la noche de los llanos
hace aflojar al paisano
y el viento le lleva el llanto.

En asuntos del cantar,
la vida nos va enseñando
que sólo se va volando
la copla que es livianita.
Siempre caza palomitas
cualquiera que anda cazando...

Pero si el canto es protesta
contra la ley del patrón
se arrastra de peón a peón
en un profundo murmullo,
y marcha al ras de los yuyos
corno chasque en un malón.

Se pueden perder mil trovas
ande se canten quereres,
versos de dichas, placeres,
carreras y diversiones;
suspiros de corazones
y líricos padeceres.

Pero si la copla cuenta
del paisanaje la historia,
ande el peón vueltea la noria
de las miserias sufridas,
ésa, se queda prendida
como abrojo en la memoria
Lo que nos hizo dichosos
tal vez se pueda olvidar;
los años en su pasar
mudarán los pensamientos.
pero angustias y tormentos
son marcas que han de durar...

Estas cosas que yo pienso
no salen par ocurrencia.
Para formar mi esperencia
yo masco antes de tragar.
Ha sido largo el rodar
de ande saqué la alvertencia.

Si uno pulsa la guitarra
pa cantar coplas de amor,
de potros, de domador,
de la sierra y las estrellas,
dicen: ¡ Qué cosa más bella!
¡Si canta que es un primor!

Pero si uno, como Fierro,
por ahí se larga opinando,
el pobre se va acercando
con las orejas alertas,
y el rico vicha la puerta
y se aleja reculando.

Debe trazar bien su melga
quien se tengo par cantor,
porque sólo el impostor
se acomoda en toda huella.
Que elija una sola estrella
quien quiera ser sembrador...

En el trance de elegir
que mire el hombre p'adentro,
ande se hacen los encuentros
de pensares y sentires.
Después... que tire ande tire,
con la conciencia por centro.

Hay diferentes montones,
unos grandes, y otros chicos.
Si va pa'l montón del rico
el pobre que piensa poco,
detrás de los equívocos
se vienen los perjudicos.

Yo vengo de muy abajo,
y muy arriba no estoy.
Al pobre mi canto doy
y así lo paso contento,
porque estoy en mi elemento
y ahí valgo por lo que soy.

Si alguna vuelta he canta'o,
ante panzudos patrones,
he picanea'o las razones
profundas del pobrerío.
Yo no traiciono a los míos
por palmas ni patacones.

Aunque canto en todo rumbo
tengo un rumbo preferido.
Siempre canté estremecido
las penas del paisanaje,
la explotación y el ultraje
de mis hermanos queridos.

Pa que cambiaran las cosas
busqué rumbo y me perdí;
al tiempo, cuenta me dic
y agarré por buen camino.
¡Antes que nade, argentino;
y a mi bandera seguí...!

Yo soy del norte y del sur,
del llano y del litoral;
y nadie lo tome a mal
si hay mil gramos en el kilo.
Ande quiera estoy tranquilo
pero ensilla'o, soy bagual.

El cantor debe ser libre
pa desarrollar su ciencia.
Sin buscar la convenencia
ni alistarse con padrinos.
De esos oscuros caminos
yo ya tengo la experiencia.

Yo canto, por ser antiguos
cantos que ya son eternos
y hasta parecen modernos
por lo que en ellos vichamos.
Con el canto nos tapamos
para entibiar los inviernos...

Yo no canto a los tiranos
ni por orden del patrón.
El pillo y el trapalón
que se arreglen por su lado
con payadores comprados
y cantores de salón.

Por la fuerza de mi canto
conozco celda y penal.
Con fiereza sin igual
más de una vez fui golpiao,
y al calabozo tira'o
¡como tarro al basural!

Se puede matar a un hombre.
Pueden su rostro manchar,
su guitarra chamuscar.
¡Pero el ideal de la vida,
esa es leñita prendida
¡que naide ha de apagar!

Los males se van alzando
todo lo que hallan por ahí;
como granitos de maíz
siembran los peores ejemplos,
y se viene abajo el templo
de la decencia del país.

Detrás del ruido del oro
van los maulas como hacienda;
no hay flojo que no se venda
por una sucia moneda;
mas, siempre en mi tierra queda
gauchaje que la defienda.

Cantor que cante a los pobres
ni muerto se ha de callar.
Pues ande vaya a parar
el canto de ese cristiano,
no ha de faltar el paisano,
que lo haga resucitar.

El estanciero presume
de gauchismo y arrogancia.
El cree que es extravagancia
que su peón viva mejor.
Mas, no sabe ese señor
que por su peón tiene estancia.

Aquel que tenga sus reales
hace muy bien en cuidarlos
pero si quiere aumentarlos
que a la ley no se haga el sordo.
Que en todo puchero gordo
los choclos se vuelven marlos.

Una vuelta, sin trabajo
andaba par Tucumán,
y en una fonda, ande van
cantores de madrugada,
me acerqué pa la payada
que siempre ha sido mi afán.

Aunque extrañando la monta
me le apilé a un instrumento.
Y al cabo de algún momento
le di puerta a una baguala,
con una coplita rala
de esas que llevan los vientos.

Tal vez fuera la guitarra.
¡Tan lindo como sonaba!
Mi corazón remontaba
tristezas de los caminos,
y lo maldije al destino
que tantas penas me daba.

Un hombre se me acercó
y me dijo: - ¿Qué hace acá?
Viaje pa la gran ciudad
que allá lo van a entender;
ahí tendrá fama, placer
y plata pa regalar.

¡Para qué lo habré escucha'o!
¡Si era la voz del mandinga!
Buenos Aires, ciudá gringa,
me tuvo muy apreta'o.
Tuitos se me hacían a un la'o
como cuerpo a la jeringa.

Y eso que no vine pobre
pues traiba alpargatas nuevas.
Las viejas... pa cuando llueva
en la alforja las metí;
un pantalón color gris
y un saco tirando a leva.

Saltando de radio en radio
anduve, figuresé.
Cuatro meses me pasé
en partidas malogradas;
naide aseguraba nada,
y sin plata me quedé.

Vendí mis lindas alforjas.
Mi guitarra, ¡la vendí !
En mi pobreza, ay de mí,
me hubiera gusta'o guardarla.
¡Tanto me ha costa'o comprarla!
Pero, en fin... todo perdí.

¡Vihuela, dónde andarás,
qué manos te están tocando.
Noches enteras pensando
siquiera como consuelo,
que sea un canto de este suelo
lo que están arrancando...!

Cuando el maíz esta en barbecho
luce un color brillantón;
las hebras, como un nailón
presumen con sus lindezas.
Pero agachan la cabeza
si las agarra el carbón.

Igual me pasaba a mí
en aquellos tiempo idos;
joven, fuerte, presumido,
y cuando se acabó el queso,
volví en un triste regreso
poblada l´alma de olvidos.
Cosas de la juventud...
¡Malhaya, dónde andarás...!
Aura que estoy bataráz
de tanto cambiar el pelo,
recuerdo aquellos desvelos
pero no miro p'atras.

Me volví pa'l Tucumán
nuevamente a padecer.
Y en eso de andar y ver
se pasaron muchos años
entre penas, desengaños,
esperanzas y placer.

Mas, no jué tiempo perdido,
asegún lo ví después.
Porque supe bien como es
la vida de los paisanos.
De todos me sentí hermano,
del derecho y del revés.

Siempre recuerdo los tiempos
en que guapiando pasé,
los cerros que atravesé
buscando lo que no hallaba,
y hasta a veces me quedaba
por esos campos de a pie.

La vida me fue enseñando
lo que vale una guitarra;
por ella anduve en las farras
tal vez hecho un estropicio,
y casi me agarra el vicio
con sus invisibles garras.

Menos mal que llevo adentro
lo que la tierra me dio.
Patria, raza o que sé yo,
pero que me iba salvando,
y así, seguí caminando
por los caminos de Dios.

La cosa estaba en pensar
que al pulsar un instrumento,
hay, que dar con sentimiento
toda la fuerza campera.
Pero nadie larga afuera
si no tiene nada adentro...

La guitarra es palo hueco,
y pa tocar algo bueno,
el hombre debe estar lleno
de claridades internas.
¡Pa sembrar coplas eternas
la vida es un buen terreno...!

Si el rezar brinda consuelos
al que consuelo precisa,
igual que cristiano en misa
o matrero en medio el monte,
yo rezo en los horizontes
cuando la tarde agoniza.

Queda callada la pampa
cuando se ausenta la luz.
El chajá y el avestruz
van buscando la espesura,
y se agranda en la llanura
la soledad del ombú.

Entonces, igual que un poncho
a uno lo envuelve la tierra.
Desde el llano hasta la sierra
se va una sombra extendiendo,
y el alma va comprendiendo
las cosas, que el mundo encierra.

Ahí está el justo momento
de pensar en el destino.
Si el hombre es un peregrino,
si busca amor a querencia,
o si cumple la sentencia
de morir en los caminos.

En el Norte vide cosas
que ya nunca he de olvidar.
Yo vide gauchos peliar
con facones carroñeros
o con machetes cañeros
que al verlos hacia temblar.

Rara vez mata el paisano
porque ese instinto no tiene
al duelo criollo se aviene
por no recular ni un tranco.
Hace saber que no es manco
y en el peliar se entretiene.

No hay serrano sanguinario
ni coya conversador;
el más capaz domador
jamás cuenta sus hazañas,
y no les tienta la caña
porque el "tintillo" es mejor.

Cada pago se aficiona
a una forma de peliar,
y aquel que quiera guapear
antes tendrá que alvertir
que para poder salir
hay que aprender a dentrar.

Se aparran a puñetazos
igual que en cualquier parte;
pero es una cencia aparte
usar los modos del pago.
Ahí se pone fiero el trago,
Como dijo don Narvarte.

Cordobés, pa la pegrada.
Riojano, pa'l rebencaso.
Chileno, pa'l caballaso.
Salteño, con daga en mano
Y es un rey el tucumano
Pa peliar a cabezasos.

Siempre el criollo ha de peliar
de noche y medio machao.
Es una pena, cuña'o,
que a veces por una tuna
se nublen noches de luna
y cielitos estrellaos.

Una canción sale fácil
cuando uno quiere cantar.
Cuestión de ver y pensar
sobre las cosas del mundo.
Si el río es ancho y profundo
cruza quien sabe nadar.

Que otros canten alegrías
si es que alegres han vivido.
Que yo también he sabido
dormirme en esos engaños.
Pero han sido más los años
de porrazos recibidos.

Nadie podrá señalarme
que canto por amarga'o.
Si he pasa'o lo que he pasa'o,
quiero servir de alvertencia.
El rodar no será cencia
pero tampoco es peca'o.

Yo he camina'o por el mundo
he cruza'o tierras y mares,
sin fronteras que me pare
y en cualesquiera guarida,
yo he canta'o, tierra querida
tus dichas y tus pesares.

A veces, caiban al canto
Como vacaje a la aguada
Para escuchar mis versadas
hombres de todos los vientos,
trenzando sus sentimientos
al compás de mi encordada.

Pobre de aquel que no sabe
del canto las hermosuras.
La vida, la más oscura,
la que tiene más quebrantos,
hallará siempre en el canto
consuelo pa su tristura.

Dicen que no tienen canto
los ríos que son profundos.
Mas yo aprendí en este mundo
que el que tiene mas hondura,
canta mejor por ser hondo,
y hace miel de su amargura.

Con los tumbos del camino
se entran a torcer las cargas.
Pero es ley que en huella larga
deberán acomodarse.
Y aquel que llega a olvidarse
las ha de pasar amargas.

Amigos, voy a dejar.
Está mi parte cumplida
en la forma preferida
de una milonga pampeana.
Canté de manera llana
ciertas cosas de mi vida.

Aura me voy. No sé adónde.
Pa mí todo rumbo es gueno.
Los campos, con ser ajenos
los cruzo de un galopito.
Guarida no necesito,
yo sé dormir al sereno.. .

Siempre hay alguna tapera
en la falda de una sierra.
Y mientras siga esta guerra
de injusticias para mí,
yo he de pensar desde allí
canciones para mi tierra.

Y aunque me quiten la vida
o engrillen mi libertad.
¡Y aunque chamusquen quizá
mi guitarra en los fogones,
han de vivir mis canciones
en l´alma de los demás!

¡No me nuembren, que es peca'o,
y no comenten mis trinos
Yo me voy con mi destino
pa'l la'o donde el sol se pierde.
¡Tal vez alguno se acuerde
que aquí cantó un argentino!